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Un vistazo a las grandes estafas piramidales

Entre 50 y 65 mil millones de dólares en el fraude de Madoff descubierto en diciembre de 2008 y, apenas dos meses después, entre 1.600 y 8 mil millones en el de Stanford, ambos en Estados Unidos. Han sido los más espectaculares de los tiempos recientes pero constituyen sólo unos cuantos más en la larga cadena de estafas piramidales en el mundo.

La más conocida fue la de Carlo Ponzi, cuando en 1920 y durante ocho años, también en Estados Unidos, arruinó a unas 20.000 personas que perdieron 9 millones de dólares. Ponzi no fue el primero. Ya en 1899, William Miller, apodado “el 250%” por los intereses que ofrecía (un 5% a la semana), se le había adelantado con un gran timo parecido.

Otro caso espectacular fue el descubierto en Ecuador en 2005 (el llamado “Caso del notario José Cabrera Román”). Cabrera llegó a manejar hasta 800 millones de dólares de miles de ahorradores, entre los que aparecieron altos funcionarios de gobierno, de la administración de justicia, militares y policías. Su estafa se prolongó al menos durante 13 años.

La peor parte le tocó, no obstante, a Albania. En este país, la actividad desarrollada por varias empresas de estructura piramidal había llegado a representar en 1997 el 50% del Producto Interior Bruto. El fraude acabó afectando a dos tercios de la población, y los disturbios y conflictos que provocó, acabaron con la vida de más de 2.000 personas.

En España, las estafas de Gescartera y Afinsa-Forum Filatélico también tienen algunas similitudes con la perpetrada por Madoff aunque a una escala mucho menor. Y si en esa lógica, miramos Bolivia, en las similitudes del cómo y no del cuánto, encontramos un factor común: si no el extremo de la codicia, al menos el entusiasmo que genera el dinero fácil mezclado con la inquietud de que se produzca el inevitable colapso que arrastra como un tsunami a todos los que participaron y deja daños a veces irreparables en el sistema.

Esta motivación humana parece superar grados de educación, círculos sociales u otros límites racionales. Se puede admitir que un mínimo porcentaje entra en la pirámide sin intuir, al menos, que son operaciones fraudulentas que implican alto riesgo. Por ello, el marco de la regulación es determinante para preservar la salud del sistema financiero y para controlar operaciones y movimientos financieros que más allá del tamaño, pueden ser especulativos o fraudulentos.

Ecuador:
Notario Cabrera (1992 – 2005)
El 26 de octubre del 2005, el Ecuador amanecía con la noticia de crónica roja. El Dr. José Javier Cabrera Román, Notario Segundo del Cantón Machala, perteneciente a la provincia de El Loro situada en la costa sur del Ecuador, había fallecido en un exclusivo hotel de la ciudad de Quito, capital de la República, tras haber asistido a una reunión nacional de notarios. Destacaron las funciones que José Cabrera desempeñó dentro del gremio notarial y, con matices de sensacionalismo, apuntaban que murió acompañado de una mujer de 18 años, 53 años menor que él.

La curiosidad comenzó a nacer en los medios de comunicación social y en la ciudadanía en general, al constatar -al día siguiente- que el funeral del funcionario no era precisamente de un ciudadano común. El féretro estaba custodiado por miembros de la Policía y las Fuerzas Armadas y, tras de él, una multitudinaria manifestación de quienes habían llegado a la ciudad de Machala desde distintas partes del país, incluso desde Perú y Colombia.

Aparentemente, lloraban su muerte acompañados de bandas de pueblo civiles, bandas de guerra policiales y militares que homenajeaban al fallecido. Asimismo, fue notoria y cada vez más difundida la interrogante de toda esa gente que acompañaba al notario: “Y ahora, qué vamos a hacer?”. Una vez terminado el entierro, todas esas personas se agruparon en las afueras de la notaría del fallecido doctor Cabrera con el objeto de que “alguien” les de razón sobre algo que todavía para el resto del país, era desconocido.

Esto motivó que la prensa y la sociedad ecuatoriana presten su atención a la comunidad machaleña y, en especial, a la multitud agrupada alrededor del despacho notarial en donde se acrecentaba el rumor de que el notario Cabrera – quien para muchos era una especie de salvador, para otros un empresario y para otros una persona que ofrecía oportunidades que ninguna persona ni institución pública ni privada podía ofrecer- no había muerto.

Nerviosismo creciente, angustia y desesperación entre las personas que habían entregado su dinero al notario pronosticaron el desencadenamiento de la revuelta social que se produjo a corto plazo.

Como su fallecimiento súbito causó una enorme conmoción en la ciudadanía, la Corte Superior de Justicia de Machala -“de una manera muy ágil” como ente nominador- designó como nuevo Notario Segundo de ese cantón al abogado José Cabrera Gallardo, hijo del fallecido. Ya con esa investidura y acompañado de su hermana Carolina Cabrera Gallardo, declaró en un medio de comunicación de esa ciudad que continuaría con el negocio de su padre, por lo que solicitaba tener paciencia al tiempo que les reiteraba la oferta de devolución total de sus dineros.

Estas declaraciones generaron confianza y cierta tranquilidad en la gente hasta el punto que en esos mismos días, en el despacho de la notaría, ya con nuevo titular, se realizaron nuevas operaciones dentro de las cuales -según las crónicas periodísticas- se registraron más entregas de dineros que retiros.

La esperanza de las personas se desvaneció cuando los medios de comunicación informaban que los hijos del notario habían salido del Ecuador con rumbo a los Estado Unidos. Comenzaron las elucubraciones como, por ejemplo, que el notario estaba con vida y que enterraron a un muñeco lo que provocó la profanación de su tumba y que militares y policías -tras auto denominarse custodios o celadores- saquearan las oficinas del notario para recuperar el dinero de sus depósitos en cuyas bóvedas habrían existido aproximadamente 50 millones de dólares que desaparecieron de la noche a la mañana.

Este hecho pareció intranscendente frente al verdadero tesoro que fue el disco duro de un computador con la lista de todos los depositantes de la pirámide financiera del Notario Cabrera Román.

Las evidencias apuntan a señalar que el notario manejaba un promedio de 800 millones de dólares, una banca paralela que nadie denunció ni investigó, peor sancionó.

El silencio de autoridades y funcionarios locales donde operaba el notario, y que conocían el negocio, se explica al observar la lista de prestamistas que a su tiempo fueron presentadas. Allí estaban como depositantes, la mayoría de esas autoridades que eran parte del silencio cómplice colectivo.

Los nombres de personalidades de la política, autoridades policiales, civiles y militares -hasta miembros de la Iglesia- figuraban entre los beneficiados que recibían mensualmente entre el 8 y el 10% mensual, de sus miles de dólares que habían confiado al notario Cabrera. Reunía capitales que a su vez permitían subdivisiones de los inversionistas.

Lo grave de este caso, no solamente fueron las 30 mil víctimas, sino que afectó a todos los círculos sociales, como una peste incurable. Corría la voz por todo el país. No era silencioso, menos oculto.

Hay quienes comparan lo sucedido en Machala con la caída del sistema financiero en el Ecuador ocurrida entre 1999 y el 2000. Pues el negocio del notario representaba una cifra aproximada de 800 millones de dólares.
Esta comparación quizá resulta sobreestimada por cuanto el costo de la crisis financiera del Ecuador en esos años llegá a estimarse entre 6 y 8 mil millones de dólares. Sin embargo, la comparación referencial no desestima lo grande del negocio de esa suerte de banca paralela, pues la magnitud del dinero manejado y desaparecido se equiparaba a la captación de dineros de los bancos más grandes del Ecuador.

Ecuador aún no se recupera de las heridas sociales y económicas que dejó el notario Cabrera y la monumental estafa piramidal que montó y que hizo funcionar silenciosamente durante, probablemente, los 15 años que desempeñó su función en la notaría
(1992-2005).

Durante todos esos años, los “socios o inversionistas”, como Cabrera los llamaba, llegaban de todos los rincones del Ecuador y hacían largas colas ante las puertas de la destartalada Notaría. Resulta difícil explicarse cómo funcionó y mantuvo un tejido social tan complejo, por tanto tiempo, sin una red institucional formal que le diera sustento.

A José Cabrera Román lo describieron como un hombre de rostro afable y bondadoso que sonsacaba dinero del público en la misma Notaría donde trabajaba con no más de doce empleados. Entre ellos y sus familiares, desapareció el dinero, amén de los ingentes gastos de la “vida de rey” que llevaba con el dinero de sus víctimas.

Reportes periodísticos señalan que a la hora del saqueo en la Notaría, encabezado por víctimas de la estafa -policías y militares- se estableció que la forma de llevar el negocio parecía muy rudimentaria, tanto asi que fajos de dólares fueron encontrados en baldes.

El caso – considerado como la mayor red ilegal de manejo de dinero conocido en el Ecuador – fue publicado por el libro “La ruleta rusa”, editado por periodistas del periódico HOY de ese país.

Tal como si fuese una novela de ficción, ese carrusel financiero develó hechos increíbles como los mencionados e hipótesis que expliquen cómo se sostenía el negocio: lavado de dólares del narcotráfico, tráfico de armas y/o “piramidación de capitales” que consiste en un mecanismo que permite utilizar un mismo monto de recursos para incrementar el capital de una institución financiera no sólo una vez, sino varias…muchas veces.

El libro de los periodistas señala que la Superintendencia de Bancos del Ecuador, el Consejo Nacional de Estupefacientes y Sustancias Psicotr?picas (Consep), la Fiscalía, la Corte Superior de Machala, el Consejo Nacional de laJudicatura (CNJ) y el Servicio de Rentas Internas (SRI) no ejercieron controles a tiempo ni impusieron sanciones al notario, cuyos empleados captaron recursos del público hasta varios días después de su fallecimiento. La denuncia y la investigación se produjeron luego de la quiebra, como suele suceder en la mayoría de los casos

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