Visa diseña nuevos casos de uso de la tarjeta para el IoT y PSD2

Las actuales plataformas de pagos tienen claro que las tarjetas (como medios de pago) no son una apuesta a futuro. Aunque aún siguen siendo el principal negocio. Sin embargo, dentro de no mucho tiempo el plástico (también en nuestros bolsillos) desaparecerá. Para estar en órbita de la nueva era marcada por el internet de las cosas y la desintermediación de los pagos, gracias a normativas como la PSD2 (que permite el acceso a terceros a nuestros datos), Visa hace de los pagos a través de las ‘cosas’ y la autenticación su gran apuesta de futuro.

“La tokenización es la gran tendencia”, explica a INNOVADORES Mike Lemberger, vicepresidente de Visa y máximo responsable de producto y soluciones en Visa Europe. Tokenizar (convertir elementos sensibles en otros no sensibles) es el paso necesario para trasladar el código de pago, que hasta hoy vivía en la tarjeta de toda la vida, a otros dispositivos: sean móviles, wearables o coches conectados.

“Buscamos menos exposición al fraude en los mecanismos de pago y proteger a nuestros clientes y partners, ya estén del lado de la emisión o de la recepción”, dice Lemberger. ¿Cómo? A través de una fuerte apuesta por la ciberseguridad y la autenticación reforzada y de áreas de investigación como el blockchain o la biometría. “Nuestra trasformación es igual que la de todas las industrias que viven del dato. Estamos siguiendo su flujo para ver cómo se adapta. Si piensas en el coche conectado, el pago es uno de sus principales componentes”, cuenta. Sin embargo, para que todo esto funcione, la gestión de credenciales es el principal reto. 

Según explica Lemberger, en el universo de pagos previo a la PSD2 y dominado por el plástico, en su momento, lo que regía las transacciones era un modelo de autorización. Esto es: se hacía una comprobación de que la cuenta disponía de los fondos suficientes y se efectuaba el cargo. Sin embargo, ahora, se añade un nuevo componente: el quién. Los nuevos controles de seguridad como los controles por voz, el reconocimiento facial o las huellas dactilares son los principales candidatos de la biometría para prevenir fraude en las transacciones. Así, además de certificar el método de pago, compañías como Visa deben certificar quién está haciéndolo. 

Siguiendo con el coche conectado, “puede pasar que otra persona esté conduciendo mi vehículo. Si este tiene acceso y registro para pagar en una gasolinera, ¿puede esa persona pagar con mi coche aunque no sea yo?”. La pregunta es importante porque de ahí deriva el largo debate sobre la responsabilidad y control de las transacciones. “Hay soluciones de las que se empieza a hablar como las cámaras que se insertan en los retrovisores del coche y que hacen reconocimiento facial para asegurar que la persona que conduce está autorizada a realizar pagos con él para, por ejemplo, repostar gasolina sin parar”, dice, para señalar el reto que todavía está por resolver en la gestión de identidades dentro de los pagos invisibles. 

“Nosotros somos administradores de los datos y tenemos una gran responsabilidad como la compañía de pagos más grande del mundo. Queremos seguir liderando el sector y adaptarnos a todas las regulaciones y nuevos canales. Vamos a ayudar a hacer entender las nuevas normas de la privacidad y el uso de los datos”, cuenta, preguntado por la inseguridad y desconocimiento que también existe entorno a los pagos en dispositivos conectados. Más fáciles que nunca gracias al IoT, pero también gracias al acceso de terceros a nuestros datos.

¿Supone eso que empresas como Visa o Mastercard, que dominan con holgura el sector, pierden su relevancia? “Es una amenaza para nuestro negocio, pero lo vemos como un reto”, asegura con rotundidad. Sin embargo, reivindica que todavía hay muchos aspectos de la PSD2 “por clarificar” en el ámbito de los servicios (“cómo haces cargos o recargos, cómo detectas el fraude, cómo autenticas”) y en su área de negocio no solo está la trasmisión de pagos: “Hay componentes de servicio, de usabilidad y técnicos que hacen posible nuestra plataforma”, dice, para reivindicar su posición y su espacio en el nuevo mercado.  

“¿Quiénes serán los ganadores o perdedores en esta nueva etapa de los pagos? Lo veremos con el tiempo. Podrías hacerme esta pregunta dentro de 10 años y todavía no tendríamos todas las respuestas”, sentencia. Lo que tiene claro es que su compañía debe estar más atenta que nunca al universo fintech. “Necesitamos darnos cuenta de que algunas de las startups de hoy pueden ser el próximo BBVA o Santander y queremos aliarnos con ellos, es parte de nuestro crecimiento como empresa”. 

Uno de sus grandes retos es el contacto con las pymes, porque no han identificado la digitalización de los pagos como una inversión sino la continúan viendo como un gasto. “En la restauración de festivales hemos conseguido potenciar los pagos tokenizados con dos argumentos: menos tiempo y más higiene”, cuenta. Por eso quieren aliarse con las instituciones financieras para ofrecer soluciones en alianza con servicios como la gestión de inventario o de flujos de venta que integren directamente pagos y cobros. “Es la próxima gran frontera”, dice Lemberger.

Fuente: LA RAÓN

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