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Edición Setiembre: El Triángulo del Fraude

 

img4El desarrollo de actividades fraudulentas ha creado daños económicos millonarios. Esto ha provocado cuestionamientos por parte de los accionistas. A su vez, ha impulsado a la intervención directa de agencias gubernamentales estatales y federales en la lucha contra el fraude.

Los expertos determinaron que para que se materialice el fraude deben existir tres elementos: tener el poder (motivo o presión), percibir la oportunidad de cometerlo y de alguna manera racionalizar que el fraude es aceptable. Estos tres puntos importantes se conocen como El Triángulo del Fraude.

Donald R. Cressey desarrolló uno de los modelos más aceptados y que explica por qué buenas personas cometen fraude. Su investigación se centró en desfalcadores a quienes llamó violadores de la confianza. El Triángulo del Fraude distingue tres factores que deben estar presentes para que una persona común cometa fraude. Estos factores son:

  1. Poder (incentivo/presión): La administración u otros empleados tienen un estímulo o están bajo presión, lo que les da una razón para cometer fraudes.
  2. Oportunidad: Existen situaciones (por ejemplo, la ausencia de controles, controles ineficaces o la capacidad que tiene la administración para suspender los controles) que facilitan la oportunidad de perpetrar un fraude.
  3. Racionalización/actitud: Aquellas personas que son capaces de racionalizar un acto fraudulento en total congruencia con su código de ética personal o que poseen una actitud, carácter o conjunto de valores que les permiten, consciente e intencionalmente, cometer un acto deshonesto.

Esta teoría según Cressey indica que “una persona con altos estándares de moralidad, probablemente se le dificultará cometer un fraude. Aquellos que no tienen principios simplemente encuentran una excusa y se justifican a sí mismos diciendo que no hay nada malo en lo que están haciendo.”

Este tipo de conducta anti ética, no profesional e ilegal, se está propagando como un virus en las más grandes y prestigiosas entidades del mundo. Los profesionales de la ilegalidad cibernética están utilizando lo último en la tecnología para cometer el delito del fraude.

Un trabajo investigativo sobre esta teoría presentado por el Dr. José A. Sánchez Ríos, se centró en detectar e identificar aquellas áreas o departamentos de mayor riesgo y en cuál nivel profesional o ejecutivo se manifiesta más el fenómeno del fraude. Su objetivo es que los resultados fomenten la creación de normas y sistemas de control en las compañías para la detección del fraude corporativo.

Según los resultados de la investigación, cuando existe el poder, el individuo busca la oportunidad, pero cuando tiene la oportunidad no racionaliza. Este indicador establece que durante el proceso de maquinar el fraude y llevarlo a cabo no hay una relación de las consecuencias.

El estudio revela que un ejecutivo de alto nivel gerencial se ve indirectamente influenciado o se le exige, que debe tener un estilo de vida económico, social y profesional, por encima de los demás. Para lograr dicha meta se vale de su poder, a tal grado que podría romper con los principios morales para lograr la meta, impulsado por el poder y la obsesión. Por otra parte, en el área de oportunidad como elemento en el Triángulo del Fraude, los resultados mostraron que el ejecutivo de alto nivel gerencial utiliza su control sobre recursos y personas tomando riesgos, sabiendo que en caso adverso, posiblemente no tenga apoyo legal. Este último punto se debe a que siempre tendrá la oportunidad de transferir las faltas a sus subalternos.

Por último, los ejecutivos de alto nivel gerencial utilizan la racionalización dentro del Triángulo del Fraude, valiéndose de la confianza de los inversionistas o propietarios, para tener cierta autonomía sobre las decisiones y recursos. Esto les brinda poder, ya que conociendo los puntos vulnerables de la empresa, pueden causarle daños económicos.

El Triángulo del Fraude aunque está presente en las empresas, es desconocido entre la mayoría de la alta jerarquía. Todos estos estudios e investigaciones, permiten o contribuyen a realizar un diagnóstico del fraude, adecuando los objetivos y las estrategias de la empresa en cada caso u oportunidad. Aunque determinados tipos de fraude son comunes a determinados tipos de empresas, negocios o industrias, es evidente que no es posible expresar un solo conjunto de causas del fraude de validez única, exacta y general para todo tipo de organización, empresa o institución.

Fuente: cladea.org

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