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Crean la primera silla inteligente

Ir a una oficina de visita y sentarse en la primera silla que se presente podría resultar un poco riesgoso. Puede ser que el mueble emita una señal de alarma al reconocer que no es su dueño quien la ha ocupado. Esto podrá ocurrir cuando salga al mercado la primera silla inteligente, capaz de reconocer la forma en que una persona se sienta.

La silla fue presentada por científicos estadounidenses preocupados por corregir las formas habituales de sentarse de la población, que resultan nocivas para la salud. Su función principal es avisar cuándo la postura adoptada es incorrecta. 

En su aspecto exterior, la silla es muy parecida a cualquier otra de una oficina. Pero esconde en su interior una serie de sensores de presión, que están ubicados en el asiento y el respaldo. No bien una persona se sienta en la silla, ésta realiza un “mapeo” de la postura adquirida. Detecta cómo la presión se distribuye en la superficie del asiento y el respaldo, y compara estos datos con patrones de presión ingresados previamente en una computadora. Si difieren, le indica al usuario mediante un sonido que está en una postura incorrecta.

La silla inteligente fue probada por 30 personas distintas. En las pruebas, fue capaz de advertir si al sentarse lo habían hecho en forma inclinada, si habían variado la pose, si se habían sostenido en los apoyabrazos, si habían cruzado las piernas, si se habían sentado derechas o si habían quedado cabizbajos, tal como ocurre cuando alguien se queda dormido en una silla.

“La silla puede darse cuenta cómo se distribuye la presión en su superficie. Los datos son analizados por un sistema informático conocido como Body Pressure Measurement System (BPMS, Sistema de Medición de Presión Corporal)”, dijo Hong Tan, de la Universidad Purdue —en los Estados Unidos—, quien acaba de presentar su invento en el Congreso Internacional de Ingeniería Mecánica, realizado en el estado de Florida, también en los Estados Unidos.

Tan —quien fue entrevistada por correo electrónico— aseguró que “los sensores y el sistema de reconocimiento de patrones de presión se pueden adaptar a cualquier silla”. Y pueden resultar de gran utilidad para los diseñadores de muebles y los fabricantes de automóviles, de aviones y todo aquello que requiera un asiento.

Las científicas consideran que la silla sensible también puede ser usada como sistema de seguridad, por ejemplo, en el acceso a una computadora. Gracias a que puede reconocer patrones previamente ingresados, el sistema sólo permitiría que una computadora se encienda si la silla es ocupada por su legítimo dueño.

Por cada persona que se sienta, el sistema crea un preciso “mapa de presión” que permite distinguir entre diferentes individuos, aunque simulen estar sentados en la misma posición. Así, resulta muy difícil engañar a la silla para activar la computadora. También sería muy útil para controlar el “airbag” en los automóviles, ajustando su despliegue en función de la posición y el peso del ocupante.

“Todavía estamos en la etapa de investigación básica, no hay ningún plan para comercializar el sistema en el futuro inmediato”, dice Tan. Pero el proyecto de la silla sensible es único en cuanto al uso de sensores de presión que pueden transmitir información en tiempo real. Y promete sentar un eficaz precedente en la fabricación de los muebles ergonómicos del futuro.

Fuente: Marcelo Torre. El Clarín.

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